LA SONRISA DE UN ANCIANO

001Muchos conocéis, cómo casi desde cero y pasito a pasito se puso en pie “Casa Hogar de Belén”, una fundación que hasta hoy, en Ecuador, sigue acogiendo a niños, niñas y adolescentes en situación de riesgo y que necesitan temporalmente de un hogar.

En ese árido camino de servicio a los más pequeños hubo momentos de escasez, de tener que vivir pobremente para que muchos niños y niñas fuesen menos pobres. Como una luz en medio de estas situaciones aparecía cuando menos lo esperábamos la mano del Hermano Espejo, que de su pequeña pensión ahorraba centavo a centavo, viviendo austeramente para enviar ayudas que iluminaban nuestra oscuridad. Hoy os queremos hablar de él. Aurelio, que así se llama el hermano Espejo, es un hombre sencillo. Nacido en Martos es el más pequeño de muchos hermanos. Desde niño, el trabajo hecho con sus manos fue templando su camino y llegó a ser maestro de siete oficios: albañil, solador, fontanero, electricista, herrero, zapatero y pintor, siendo además un enamorado de la agricultura. Fue así que entró como fraile en la Hermandad Obrera del Cristo Trabajador, congregación que trabajaba para ayudar a familias necesitadas a tener una vivienda digna.

003Cuando hace seis años regresamos de Ecuador lo encontramos anciano, solo, desorientado y enfermo. Nos acogió con su sonrisa y nos pidió ayuda. Mensajeros de la Paz nos tendió la mano y desde entonces Espejo es parte de nuestra familia; como él dice es nuestro hijo más grande.

Cada semana nos acoge con su sonrisa y es feliz escuchando las pequeñas vivencias de nuestro hogar. A ratos reímos mucho recordando cosas de su infancia o de cuando limpiaba y cuidaba la catedral de Jaén o al escuchar las travesuras de los muchachos. Dicen que “más hermosa que la sonrisa de un niño es la sonrisa de un anciano”. La sonrisa de Aurelio transmite paz, aceptación y esperanza; es la prueba de quien se siente ya solo en manos de Dios. El servicio y la pobreza, frutos de la austeridad y de su profunda fe, han sido y son su vocación. Cada semana revisamos sus cuentas y cuando ve que ya hay algo ahorrado, sonríe y nos reclama: “¿No hay necesidades que podamos aliviar?”

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Y es así que en estos años, desde su silla de ruedas, recluido en la residencia donde él se siente seguro, ha realizado una labor social envidiable construyendo casas en Ecuador, dando becas de estudio en R.D. del Congo, Ecuador y Filipinas, pagando recibos de agua, luz y alquiler o comprando electrodomésticos a familias con necesidades, colaborando en la rehabilitación de toxicómanos, dando ayudas a misioneros de Jaén en diferentes países del mundo, … es inagotable su capacidad de compartir y su testimonio de vida.

A veces en los ritmos que nos marcamos de vida no tienen espacio los ancianos, nuestros mayores, empobreciéndonos en un activismo social que abandona la sabiduría del corazón. A través de los niños y de los ancianos es fácil el encuentro con el Amor de Dios.

En la Jornada Mundial de la Juventud el papa Francisco decía a los jóvenes: “¿Ustedes hablan con sus abuelos? Acérquense a sus abuelos, tienen la sabiduría de la vida y conocen el corazón de ustedes”.

Para que seamos capaces de construir un mundo mejor y hacerlo llegar a todos, tenemos que aprender de nuestros ancianos y compartir su sonrisa. Hay que haber hecho muchas hogueras para saber soplar bien las brasas.004Ayudando a Aurelio

 
Foto 1: Aurelio Espejo, religioso natural de Martos, ha dedicado su vida a servir a los demás. Muchos de esos años los ha pasado en el barrio de Santa Isabel de Jaén. Todavía desde su silla de ruedas sigue preocupándose de los más débiles.
Foto 2: A la izquierda Teodoro y su esposa Esperanza a la derecha, en su casa de Madrid. Teo es el único sobrino de Aurelio con el que guarda contacto. Él fue quien le transmitió la fe y le llevó a decidirse por la vida religiosa.
Foto 3:  Este gran amigo nos ha acompañado como familia en momentos especiales como las comuniones de nuestros hijos.
Foto 4: Aurelio hace seis años que vive en la Residencia Altos del Jontoya donde es cuidado con esmero y calidez humana.  Todas las semanas intentamos visitar a nuestro amigo que nos suele recibir con una gran sonrisa. El rato que compartimos con él disfrutamos de su cariño y bondad, que crecen con los años.
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