VOLVER A LA “NORMALIDAD” DEL CONGO

 

normalidad_3Os compartimos esta carta del misionero de la Consolata Andrés García que estuvo un tiempo en Jaén por motivos de salud y acaba de regresar a Bayenga en la República Democrática del Congo. A pesar de llevar muchos años en este país no se acaba de acostumbrar a la “normalidad” que se vive allí y que discrimina especialmente a las personas de raza pigmea por las que él lucha cada día:

 

¡Hola amigos! La vida continúa aquí en Bayenga. Las lluvias siguen “bendiciéndonos”, aunque a veces demasiado; el arroz comienza a madurar en los campos y la gente se pasa todo el día ahuyentando a los innumerables pájaros de distintas especies que ven servido su manjar puntualmente. Las escuelas siguen su curso normal con una buena parte de maestros y profesores impagados, aunque otros ya reciben la paga del Estado (unos 70 $/mes). Las escuelas de barro y palos cubiertas de hojas necesitan rehacerse cada año, mientras que tenemos una escuela primaria y una secundaria que están construidas en ladrillo… La alegría de regresar después de la incertidumbre de la enfermedad nos dio a todos la ocasión de decirnos lo que normalmente se da por entendido. Ha sido muy bonito el reencuentro. Ahora volvemos poco a poco a la normalidad y eso conlleva muchas mediaciones, muchos diálogos, muchos procesos. La impotencia nos invade cuando seguimos viendo leprosos o tuberculosos sin tratamiento y vemos con asombro que siempre se trata de pigmeos. De poco sirve interceder por ellos en los dispensarios de la zona si nosotros no podemos acceder a los medicamentos apropiados para esas enfermedades porque están regulados por la OMS (Organización Mundial de la Salud) a través de las autoridades sanitarias locales… ¿qué conclusión sacar? Pero eso es la normalidad aquí; espero no acostumbrarme nunca. Ayer, después de haber tratado en el dispensario de Bayenga a un alumno pigmeo que estudia en el internado que la diócesis abrió hace años en nuestra parroquia, tuvimos que mandarlo a Wamba (centro de la diócesis) para que el responsable de la pastoral pigmea lo acompañara al hospital general, pues el caso parecía no encontrar solución en nuestro pequeño dispensario. El normalidad_1responsable diocesano de la pastoral pigmea le dió 5 € más o menos para que comiera algo y lo mandó de vuelta a su casa (a 134 km) a pie. No lo entiendo. Pero parece ser la normalidad.

 

Novedades ¡haylas también! A unos 40 o 50 km al nordeste de Bayenga la semana pasada hubo una escaramuza de un grupo rebelde que atacó un “cuartel” del ejército regular del Congo (FARDC), hiriendo algunos militares y matando a uno de ellos. Los asaltantes tenían metralletas, luego no era gente sencilla que protestaba. Hoy, 19 de noviembre, otro grupo armado se ha enfrentado al ejército a unos 40 km al sureste de Bayenga, en el interior de la selva, y le ha infringido bajas importantes. Parece que en los dos casos hay un elemento común: el oro. La situaciones pueden ser diversas y las vías últimas que llevan al conflicto también, pero el fondo es la pobreza y la posibilidad de ganar bastante dinero fácilmente con alguna pepita o con unos cuantos gramos de polvo de oro.Ya os contaré como sigue la cosa. Por ahora, como os digo, hay tranquilidad aquí en Bayenga. Sólo un leopardo que ataca por la noche a las cabras que deambulan comiendo las verduras y hortalizas que la gente sencilla intenta cultivar cerca de sus casas. Mañana empezamos una sesión de formación para los catequistas de la parroquia, así que rezad para que sea fructuosa y que no haya problemas. Será también otro espacio de intercambio y de reencuentro. ¡Ah! Me olvidaba: hoy he jugado con Juan Bomao, un niño pigmeo de unos tres años que es bastante especial. Hay que conocerlo. Silencioso y tímido se va acercando a mí bajando la cabeza y alzando sus ojos saltones y vivos. Lleva entre sus manos su juguete: un pedacito de madera con el que pasa su tiempo mientras llega el momento del arco y las flechas. De pronto lo busco con la mirada entre una tarea y otra y normalidad_2ya no lo veo… ¡Epa! alguien tira de mi pantalón. Es Juan, que me pide un poco de tiempo y de afecto. Hablamos, jugamos, la gente nos ve y se pregunta, ríe y comenta… Ha llovido, así que después de llevar a Juan junto a su mamá tendré que lavarme porque el barro no perdona…

 

Un abrazo para todos.

 

Rezad por nosotros y por una paz duradera para este pueblo.

 

Andrés”

 

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