PEQUEÑOS MISIONEROS

Niños PuyoDespués de tantos años aprendiendo y reaprendiendo a vivir con el corazón abierto a las personas que nos rodean, a quienes sufren de pobreza, marginación, dependencias, soledad, … nos acostumbramos a sembrar permanentemente en cientos y cientos de vidas con las que nos cruzamos en las esquinas, con las que compartimos un tramo del camino,… sin ver noticia ni novedad en ello, pues esa es la esencia de nuestro ser misionero, nuestro ser personas; compartir desde el amor lo que somos.
Parece mentira pero los que más absorben lo que ven son los niños. Hace quince años llegamos a Playa Prieta, a una escuelita de la costa manabita de Ecuador y durante doce años compartimos nuestro ser y nuestro servicio con esa, ahora, nuestra comunidad. Trabajamos con los niños, pero sobretodo con los jóvenes, adultos y enfermos. Han pasado los años y esos niños y niñas que tenían seis añitos acaban este año el bachillerato. Esta semana chateábamos con una de esas niñas y nos contaba esta experiencia:
“Don Antonio, estuvo mejor de lo que esperaba… acá para terminación del colegio se hace un viaje de muchos kilómetros, turístico, le llamamos la gira… estábamos decidiendo donde iríamos pero un día vino a Playa Prieta el padre Cristóbal a pedir ayuda para la misión de El Puyo (en plena selva amazónica) y decidimos que nuestro viaje turístico de fin de año serian “misiones en el Puyo”…. y así fue, cansados de dormir en el suelo pues los primeros días duele todo el cuerpo y algunos recordaban las camas blandas de los hostales donde podíamos haber dormido… la gente era muy amable y lo que tienen de pobres lo tienen de generosos por que nos regalaban plátanos, yucas y papayas para comer… la verdad me ayudó a madurar ver como eran capaces de De misión en el Puyocompartir…
…Allá está un sacerdote de Manabí ,el padre Pedro, que voluntariamente se ofreció a encargarse de la parroquia de Simón Bolívar en el Puyo pero también se encarga de otras como San José que queda a hora y cuarto en carro y tres horas a pie, esa me tocó a mi. Está también otra comunidad a siete horas a pie y otra a dos horas y media. Fuimos divididos en cuatro grupos para ir a esas comunidades pues en la primera no había que caminar, se llegaba muy bien en carro y a partir de allí salimos caminando cada grupo a su sitio…. nuestro trabajo misionero consistía en preparar aún más a los catequistas que había en cada sector, enseñarles los ritos de exequias pues el padre no puede llegar muchas veces a los lugares donde hay algún fallecido y ellos solos celebran la palabra antes de dar sepultura a los muertitos. Intentamos reavivarles la fe, que supieran que aunque vivan aislados son parte de una gran comunidad.
La verdad es que los niños me encantaron dentro de su pobreza juegan y se ríen mucho contigo…. la gente es cordial… ¡¡¡quiero regresar..!!!!
Aunque en menor dimensión sé que siento lo que ustedes sintieron aquí… la verdad que no lo entiendes hasta que lo vives en carne propia…GRACIAS.”

Como la mayoría de misioneros, no esperábamos ver crecer las semillas de fe y de amor que se esparcen por donde se va pasando y que a veces caen en donde menos empeño se pone. Estos pequeñines de seis añitos han resultado ser tierra fértil, labrada y preparada por la providencia. Seguro que desde su juventud pusieron Pequeñas misioneraspasión e ilusión en su tarea, que transmitieron la alegría y frescura del evangelio, que su cansancio y sacrificio ahora son sólo anécdotas para recordar y reír un rato con los compañeros y el dinero que no se gastaron y regalaron a la misión se multiplicará como los panes y los peces. Nos vuelven a resonar las palabra de Jesús: “hay que ser como niños para entrar en el Reino de los Cielos”. Esos niños a los que no dimos sino juego y cariño, ninguna lección magistral ni sermón, son quizás los que mejor entendieron el mensaje de compartir lo que uno es y tiene. Ellos son la tierra buena que acoge y hace crecer el amor de Dios, los jóvenes misioneros y misioneras de nuestra Iglesia, nacidos en las entrañas de la pobreza, igual que Jesús el primer Misionero. Su testimonio es para nosotros un regalo inesperado y queremos compartirlo con todos ustedes, los amigos de “Nuestra Misión”. Gracias y hasta la próxima semana.

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2 Respuestas a “PEQUEÑOS MISIONEROS

  1. Con tan buena siembra tenía que recogerse una buena cosecha. Gracias Antonio y Anita por la levadura puesta… Que Dios los bendiga y los acompañe siempre. Yolanda

  2. Precioso testimonio vivo que una labor que sigue dando frutos.

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