JIENENSES POR EL MUNDO SOLIDARIO

OLYMPUS DIGITAL CAMERAOs compartimos la carta de Nazaret Fernández, psicóloga de 31 años, natural de Jaén que está colaborando en un Hogar de acogida en Honduras desde julio. Su voluntariado la realiza sobretodo con chicas huérfanas o con otras problemáticas. Nos cuenta su día a día y cómo disfruta ayudando, dejando parte de su vida en una tierra extraña a la que ya ama. En este tiempo donde nuestros jóvenes salen al extranjero a buscarse la vida hay quien se va a ayudar a que otros se la busquen:
“Me llamo Nazaret y colaboro como voluntaria en una ONG internacional que proporciona un hogar a niños y jóvenes huérfanos en Honduras, su nombre es NPH (Nuestros Pequeños Hermanos). Actualmente somos 15 voluntarios, la mayoría de los Estados Unidos, y muy pronto contaremos con ocho personas más. Vivimos en un rancho con unas vistas hermosas, en contacto con la naturaleza, disfrutando de una gran tranquilidad, tranquilidad que tanto contrarresta con el exterior. Aquí vivo y comparto en una comunidad con unos 500 niños y 200 adultos, y aquí estaré al menos 1 año más. Recuerdo mi llegada hace seis meses, en el camino del aeropuerto al rancho miraba ansiosa por la ventana del coche, pues no podía imaginar cómo sería vivir aquí. Pasé por zonas realmente humildes, en estas localidades la mayoría de las casas son de latón, las calles no están asfaltadas y puedes ver a niños buscando botellas de plástico en un basurero general. Recuerdo ver a cuatro niños esperando en fila india en la calle a que la madre los despiojara a la luz del día. En ese viaje sentí una conexión muy especial con Honduras e intuí que este país me iba a atrapar. Mi vida aquí es bastante rutinaria, que no aburrida. Por las mañanas trabajo en la escuela secundaria como profesora de apoyo de matemáticas. Y las tardes y fines de semanas alternos, los comparto con un grupo de 25 chicas adolescentes en su hogar, donde les ayudo en sus tareas de la escuela y en las de casa, vemos películas, leemos libros, compartimos confidencias y más de una broma. Son muchas horas las que un voluntario dedica al día. Todo lo hacemos por los niños, para ofrecerles una oportunidad que fuera no podrían conseguir de ninguna manera. El tiempo que paso con mis chicas es realmente especial, y en ocasiones agotador, porque somos como una gran familia y en las grandes familias noOLYMPUS DIGITAL CAMERA siempre es posible llegar a todos por igual. Parece que cada año lidiamos con más problemas, aquí la crisis se hace notar y mucho, especialmente la sufrimos en la comida, básicamente nuestra dieta está basada en arroz y frijoles. Aquí se trabaja mucho en grupo, especialmente los fines de semana: vemos vídeos juntos, hacemos deporte, nos bañamos en una poza, preparamos fogatas y desayunos conjuntos para compartir tiempo los chicos y las chicas. Ahora, con motivo de la Navidad hemos realizado un pesebre a tamaño real donde todos se han implicado desde los más grandes a los más chiquitos recogiendo cortezas de los árboles caídos, haciendo trenzas de papel continuo, amarrando ramas o pegando musgo. Y también hay tiempo para salir del rancho y conocer otros lugares de Honduras, y de Centroamérica. Hay lagos impresionantes, montañas espectaculares y unas islas caribeñas increíbles, pero si hay algo realmente especial es el poder intercambiar unas palabras con los OLYMPUS DIGITAL CAMERAlugareños y comprobar que tienen un gran sentido de la hospitalidad. Vivir aquí no es siempre fácil, no dispones de acceso a la ciudad, ni a la comunicación con la familia y amigos, convives con otras costumbres y se renuncia a muchas comodidades, … pero esta experiencia claramente compensa, compensan las risas con mis chicas, las confidencias sentadas en el suelo del baño, las horas que me enseñan a cortar la hierba con un machete o a hacer pan en un horno de brasas, sus caras de felicidad cuando entienden que son capaces de hacer cosas por sí mismas, las llamadas desde lejos gritando tu nombre sólo para que les saludes y desde luego compensan esos abrazos que te llegan de verdad. Ésta no es mi primera experiencia como voluntaria, hace dos años viví en Austria, trabajando en un centro infantil. Esto de la cooperación realmente engancha, conocer gente de otras culturas, como viven, como sienten, conocer las necesidades de cerca y compararlas con tu mundo hace que tu mente se abra, algo se activa dentro de ti”.

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