CONGRESO DE ECOLOGÍA INTEGRAL Y SÍNODO AMAZÓNICO EN ECUADOR

Los pasados 12 y 13 de septiembre tuvimos la gracia de participar, en representación de la arquidiócesis de Portoviejo, en el “Congreso de Ecología Integral y Sínodo Amazónico: Retos y Desafíos para el cuidado de la Casa Común en Ecuador”, mismo que tenia por objetivo crear un espacio de reflexión y plantear nuevas acciones frente a la contaminación y destrucción de la Casa Común. Este espacio fue organizado por varias instituciones católicas: La Pastoral Social- Cáritas del Ecuador, Conferencia Ecuatoriana de Religiosos (CER), Conferencia Episcopal Ecuatoriana (CEE), Red Eclesial Panamazónica (REPAM) y la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE).
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Foto1. Padre Pepe Barranco misionero comboniano de Jaén y Alexandra amigos de Radio Catolica con los que coincidimos

En el equipo íbamos un sacerdote , una religiosa, un religioso y un laico que contamos con dos ventajas: de un lado haber acabado recientemente el análisis de la realidad medio ambiental de la diócesis y de otro ser parte del equipo de formación de Cáritas. Ha sido una experiencia única, estuvimos más de 300 participantes provenientes de diferentes territorios y regiones del país, se desarrollaron varias líneas de trabajo desde el “ver, discernir y actuar”.

Desde el VER tuvimos las ponencias y exposición de experiencias y realidades en once temas diferentes: “Mecheros y Amazonía”, “Minería ilegal en Intag y problemática del río Piatúa”, “El comercio justo y solidario”, ”La explotación de la tierra y explotación del trabajo”, “La estación científica del Yasuní”, “Sierra sur y fuentes hídricas”, “La persecución y criminalización de los defensores de los derechos humanos y ambientales”, “Las amenazas para el equilibrio ambiental de Galápagos”, “Ciudades, residuos y reciclaje”, “Respuesta de los jóvenes a la crisis medio-ambiental” y “La espiritualidad ecológica”. Así mismo en un segundo momento, en el Panel Principal, se discutieron temáticas como “La dimensión cultural y ecológica del pueblo Sarayaku”, “Ecología Integral, ética y académica”, “Desafíos socio-ambientales en Ecuador”, “Ecología y mujeres”, etc.
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Foto2. Equipo de Manabí con Mons. Rafael Cob, obispo de Puyo y delegado de la CE Ecuatoriana al Sínodo de la Amazonía

Conocimos pueblos amazónicos y jefes de diferentes nacionalidades indígenas de toda la región, aprendiendo y compartiendo su visión de ecología integral. Nos compartieron costumbres, remedios ancestrales, preocupaciones, proyectos y actividades. Pudimos aportar desde experiencias puntuales y visiones diferentes para enriquecernos mutuamente. Juntos reflexionamos desde la realidad de cada diócesis.

Compartimos con compañeros de diferentes Cáritas que están muy implicados en el cuidado de la Casa Común, aprendiendo de sus procesos y recogiendo información y contactos. Así mismo pudimos saludar y dialogar con diferentes obispos, sacerdotes y religiosos implicados en el trabajo eclesial y ecológico en la Amazonía.

Para el momento del Discernir aterrizamos nuestras visiones desde el Instrumentum Laboris para el sínodo de la Amazonía, tocando los siguientes temas y elaborando tres propuestas desde cada uno de ellos: La destrucción extractivista, los pueblos indígenas en aislamiento voluntario, la migración, el tipo de urbanización que necesitamos, el modelo de familia y comunidad que queremos, la corrupción social, la salud integral en la Amazonía desde el respeto a sus conocimientos ancestrales, qué es educación integral y cómo aplicarla, la conversión ecológica; todos ellos desde una visión de una ecología integral.
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Foto3. Washington Salvador Tiwi Asamat,PRESIDENTE DE LA FEDERACION PROVINCIAL DE LA NACIONALIDAD SHUAR DE ZAMORA CHINCHIPE

El Actuar e incidir lo dimensionamos en torno a seis temas concretos: Los custodios del agua, modelo económico y paradigmas de la globalización, extractivismo, derechos humanos, ciudades y ecología integral y academia y sostenibilidad.

Se hicieron los últimos aportes al sínodo. No lo sabíamos, pero el cardenal Pedro Barreto nos compartió que la iniciativa del Sínodo nació hace seis años en Ecuador en el Puyo y cierra el círculo de preparación acá mismo, en Quito, tras realizar encuentros en todos los países implicados; participando casi 90 mil personas en las reflexiones y cientos de organizaciones indígenas y colectivos sociales. Desde Ecuador, con toda humildad y cariño, le presentamos al Papa además once preguntas y once sugerencias con rostro de laicado y de mujer, de indígena empobrecido, de poblado enterrado por las grandes empresas y de trabajadores esclavizados sin identidad.

Sin querer queriendo, pusimos nuestro granito de arena al presínodo. Toda una gracia participar y conocer a tantos personajes. Algunos perseguidos y amenazados por las mineras, petroleras, haciendas esclavistas… Profetas sociales y de la iglesia, personas que están dando su vida por el planeta, la casa común y la coherencia del evangelio.
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Foto4. Patricia Gualinga, lideresa indígena de la comunidad de Sarayaku en Pastaza y representante indígena en el exterior, expresa que “el dolor más grande es la destrucción de la Amazonía, y también duele que los defensores de ella sean criminalizados, maltratados y hasta asesinados, hemos tenido excelentes experiencias al defender nuestro territorio, pero también muy amargas porque el Estado no garantiza los derechos de los pueblos pero si los de las empresas extractivistas”

NUEVOS PROFETAS

La imagen puede contener: una persona, sonriendo, multitud y exteriorCuando escuchas en silencio el llamado de Dios, reflexionas sus enseñanzas; y eres capaz de abrir los ojos al hermano sufriente, casi con seguridad y en coherencia atenderás el clamor de los pobres y pondrás rostros a las diferentes expresiones de la pobreza. Manta, ciudad pequeña, costanera, acogedora, cálida, obrera,… es el tercer destino por preferencia de nuestros hermanos venezolanos que siguen huyendo forzosamente de sus hogares ante la imposibilidad de cubrir sus necesidades básicas, como son agua, alimentos, salud, educación, seguridad… derechos humanos.

Como Cáritas Manta estamos dando pequeños pasos de manera coordinada con las parroquias eclesiales de la ciudad para, en la medida de nuestras posibilidades, tender la mano y aliviar el sufrimientos y la cruz que viven y cargan tantas familias. Abrimos un comedor que atiende entre 150 y 170 personas diarias, un refugio para mujeres y niños, en coordinación con otra institución un centro de atención para atender a los niños de estas familias, mientras buscan trabajo o venden cualquier cosita, y ahora queremos organizar equipos de salida nocturna para atender a las familias que duermen en las calles.

La imagen puede contener: 3 personas, personas sonriendo, personas sentadas y exteriorEsta semana tuvimos el regalo de asistir en Quito, a un encuentro de todas las instituciones de la iglesia que estamos realizando algún tipo de atención con la población que sigue llegando. Esta red se denomina “RED CLAMOR”. La idea era compartir experiencias, formarnos y coordinar actuaciones.

Los ponentes eran impresionantes personas que como iglesia están trabajando a niveles de naciones unidas o en la política nacional. Nos ayudaron a reflexionar y conocer el panorama a nivel jurídico y político que se nos viene y de qué forma va a influir en la indefensión de las cientos de personas que siguen llegando.

Pero si la formación fue buena, los testimonios que abiertamente o entre pasillos íbamos conociendo eran impresionantes. Dignos de profetas del siglo XXI, misioneros que abren sus vidas, sus casas, sus bienes y los ponen al servicio de los más necesitados. Fue así que La imagen puede contener: una o varias personas, personas sentadas y personas de pieconocimos el testimonio de una religiosa cuya congregación después de mucha oración y reflexión ha cambiado hasta sus estatutos fundacionales, cambiando su servicio desde la enseñanza por la acogida, posada, cuidado y orientación de familias migrantes y mujeres solas o con niños. Hoy día su gran colegio se convirtió en un centro de acogida en el centro de Quito dando el testimonio de que cuando uno se abre al espíritu de Dios y realmente se pregunta: “¿Señor qué quieres de mí?” ,sólo hace falta valentía y romper las comodidades y seguridades para ser testigos del amor de Dios.

También encontramos un padrecito que salía cada tarde con su camioneta y un grupo de jóvenes a recoger a esas familias que vienen caminando con sus pocas pertenencias. Los acogen, los llevan a un albergue, les curan las heridas de sus pies y les ofrecen una comida calentita. Mientras oíamos su historia me acordaba una y otra vez de la parábola del Buen Samaritano. Religiosos que abren sus capillas en la noche como centros para descansar y reposar, religiosas que ceden sus casas cerradas para que desde Cáritas u otras congregaciones hagamos centros de acogida, laicos super comprometidos en frontera, coordinando a un lado y otro de la misma para intentar evitar la trata de personas, la vulnerabilidad del que no tiene nada,…La imagen puede contener: 6 personas, exterior

No podíamos evitar que se nos escaparan las lágrimas oyendo testimonios de situaciones inimaginables. Como a los apóstoles en el camino de Emaús sentíamos como se encendían nuestros corazones, cómo algo latía de manera especial por dentro. Cómo el llamado a servir y a animar a que otros sirvan iba a ser un fuego que llevar de vuelta a nuestros lugares de trabajo.

Ante todo lo vivido sólo una palabra nace de nuestra oración: GRACIAS, mil gracias a todos por vuestras palabras, gracias por el tiempo compartido, gracias por vuestras ganas de transformar el mundo, por ser profetas de este tiempo; y como no, gracias a Dios, por permitir que desde nuestras debilidades sigamos siendo testigos de la inmensidad de su amor en el océano de la Vida.

“Dadles vosotros de comer” (Mt 14,16)

Estos días son más y más los rostros que van llegando a nuestro centro de acogida buscando un almuerzo, compartiendo algo del peso que llevan en sus mochilas, sus almas, sus vidas. El viaje, las largas caminatas, el miedo, el frío, la familia que quedó atrás, los desencuentros por el camino con los amigos de lo ajeno, la violencia sexual, el hambre, el cansancio, la incertidumbre del futuro, el sufrimiento de los hijos que cargan de la mano, la enfermedad… todo un viacrucis que necesita ser escuchado y acompañado humana y espiritualmente.
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En espacios de diálogo, reflexión y formación con instituciones públicas, sociales e incluso religiosas compartimos brevemente algo de lo que vivimos día a día, para que cada vez sean más las manos que se abran a los hermanos necesitados. Intentamos hacerlo con la paz que nos transmite el mirar cada día a los ojos a decenas de Cristos encarnados, con la serenidad de estar al lado de quienes son ignorados por la gran mayoría, con la fortaleza de sentirnos con ellos una gran familia más allá de credos o nacionalidades y la alegría de sus abrazos de agradecimiento por cada uno de los pequeños detalles con que les podemos aportar.
No obstante nos llama la atención como en algunos espacios encontramos personas a las que parece molestar que se ayude a los pobres o más concretamente a los inmigrantes y erigen argumentos tales como que “también hay muchos ecuatorianos pasándolo mal”. Es curioso, que algunas de estas personas, además sean creyentes y hagan ese tipo de discriminación entre seres humanos por su nacionalidad. Precisamente los ecuatorianos son los beneficiarios de la mayoría de los programas públicos de lucha contra la pobreza, así como de las pequeñas ayudas de la mayoría de nuestros equipos de Cáritas. ¡Quién tenga ojos que vea!
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Si estuviésemos abiertos a los signos de los tiempos y viéramos la desigualdad social, nos
preguntaríamos: ¿Quiénes son las decenas de personas que duermen cada día en la playa, el terminal, parques o soportales de nuestra ciudad? ¿Dónde están los familiares que puedan apoyarles? ¿Dónde esos extraordinarios trabajos que dicen quitar a los ecuatorianos?… ¿No será que “San dólar” tiene tan engreído y acomodado nuestro corazón que su presencia nos cuestiona y molesta?
Es curioso como las personas sencillas nos dan ejemplo de acogida y aunque tengan que apretarse intentan abrir sus hogares y sus vidas al que llega. Es impresionante como se sirven un poco menos para que avance la comida para todos, como son felices a pesar de no tener carro, televisión de plasma, colchones decentes, frigorífico, lavadora…
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Quizás sería bueno que en nuestro cuarto, en silencio, nos miráramos al espejo y nos preguntemos:
¿Qué comparto? ¿Qué puedo compartir? ¿Cómo me parto yo? ¿Qué doy de mi? ¿Soy generoso? ¿Qué es ser generoso? ¿Hasta dónde abro mi vida al necesitado? ¿Cuánto me molesta ver la pobreza o que los pobres me pidan? ¿Qué estoy haciendo por promover a los que sufren la pobreza?
Cuando hace unos años nos pidieron poner en marcha un programa de atención a las personas sin hogar, que duermen en las calles, la manera de que nos aceptaran y ganar su confianza fue pasar muchas malas noches con ellos en la calle. Es desde ahí, desde conocer y compartir una realidad, desde donde se puede opinar sin riesgo de ser muy osados. Pues bien sabemos que la ignorancia es osada.
El objetivo de toda sociedad debe ser el bien común. Esto implica que quienes tienen mayor cargo o mayor capacidad, quienes tienen más posibilidades económicas, quienes pueden influir en la opinión de otros…; así mismo adquieren una mayor obligación en la búsqueda del bien común, pues los talentos que hemos recibido, humanos y económicos, no son para engrandecernos, ni amontonarlos en cuentas bancarias; sino para ponerlos al servicio de los demás, para devolver el doble de lo recibido. Estos días celebramos la fiesta del Corpus Cristhi. Aprendamos a partir también nuestras vidas como Él.
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EN NUESTRA DEBILIDAD

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La fragilidad ante la enfermedad no es algo novedoso en nuestras vidas. En nuestro camino personal y como pareja hemos acompañado a personas con discapacidad desde que éramos adolescentes. Pronto aprendimos el papel de cuidador, ser pies y manos de quienes no podían moverlos. Es más, durante años y hasta ahora, muchos de nuestros mejores amigos han vivido atrapados en su silla de ruedas. Personas soñadoras, inteligentes, pícaras, alegres, capaces,… prisioneras de un cuerpo que no respondía a sus anhelos e ilusiones, encarcelados sin haber cometido delito; pero ocurrentes, felices, simpáticos,… la sonrisa como tarjeta de presentación y reírse de sus limitaciones la gran prueba de su amor a la vida.

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Levantarlos, asearlos, vestirlos, llevarlos al baño, darles de comer, compartir una cerveza, movilizar sus articulaciones, cambiar pañales y sondas, hacer cambios posturales, administrar o inyectar la medicación… todo un ritual diario que acababa por hacerse parte de nuestras vidas, una rutina tan lógica como la que hacíamos cada día nosotros mismos. Pero que nos enriqueció infinitamente, pues fue espacio de encuentro, servicio, amistad, oración y familia.

También en nuestros caminos hemos vivido y conocido en profundidad el papel de “enfermo”, de estar encamados, de necesitar que nos asistan, laven, curen,… esos momentos de debilidad, de fragilidad nos hacen tomar conciencia y valorar los momentos de salud para saber cuál es la verdadera riqueza de dejarse lavar los pies y saber que todos necesitamos de todos, de dar gracias por las personas que en esos momentos son capaces de estar a nuestro lado con paciencia y cariño.

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Con nuestras limitaciones y debilidades siempre hemos acogido, cuidado y atendido a diferentes Cristos encarnados (ancianos, personas con diferentes discapacidades, vagabundos, dependientes,…) que encontrábamos en nuestro camino. Los hospitales, las malas noches, el sufrimiento, el dolor o la enfermedad han sido asiduos en nuestro peregrinar.

Este Mayo pensábamos dedicar cuatro días a que nuestros hijos conocieran Quito y pusieran rostro a la historia de su país, apreciando así la gran diversidad de esta tierra y afianzando su identidad. También queríamos renovar, después de veinticinco años compartiendo compromiso y servicio, nuestros votos matrimoniales. Pero tras nueve días de vómitos y fiebre, de pruebas y análisis, de posibles diagnósticos y ninguna mejora, tuvimos que ingresar a nuestra hija Carla en el hospital.

Momentos para recordar nuestra fragilidad, abrazar la impotencia y agarrar fuertemente de la mano la fe. De expresar sentimientos y amar, amar más aún si se puede, amar hasta el extremo. Pero en medio del dolor nace siempre la vida y aparecen la bondad, el consuelo, el apoyo, la generosidad, … de personas que nos llevan de la mano, acompañan en la desesperación, que nos escuchan y animan, ayudan a buscar alternativas, comparten un detalle, un almuerzo, una llamada, se turnan en pasar malas noches para que descansemos, asumen nuestras responsabilidades para que no estemos angustiados, se unen en la oración desde cualquier rincón del mundo,… Esos detalles son la “caricia de Dios” que te hace sentir que tienes una gran familia, hermanos, hijos, incluso padres con los que te unen los lazos del amor y la entrega.

Desde aquí gracias a todos y gracias a Dios.

CAMBIA EL MUNDO

 

TOMBOLAQueremos cambiarlo, podemos cambiarlo y por ello desde nuestra oración nos desvivimos. En nuestro caminar diario, con las familias, los equipos de Cáritas, los hermanos sacerdotes, los privados de libertad, los seminaristas, los enfermos, en la universidad,… es una constante. Creemos en otro mundo sin violencia, sin desigualdades, sin pobreza, sin marginación, sin maltrato ni abusos, en un mundo en clave de Amor y no cualquier amor. Un Amor que transforme, dignifique, promueva, sane, acompañe, comparta, incluya, acoja,…

Este año miramos al domingo mundial de las misiones mirando de reojo la segunda jornada mundial de los pobres que el Papa plantea para noviembre. Para ello hemos propuesto una mesa de trabajo entre las diferentes instituciones que trabajamos por la promoción y atención a los más débiles y empobrecidos de nuestra ciudad en Manta.

Moi y Juanito con la mantitaSiguiendo las indicaciones del Papa Francisco hemos propuesto cuatro momentos. Un primero donde hacer presente el grito de los pobres; con sus rostros, sus vidas, su lucha diaria por sobrevivir, sus ilusiones y esperanzas. En esa mesa queremos presentar el rostro del migrante venezolano que viene huyendo de su país, narrar su éxodo, los mil cuatrocientos kilómetros que caminan, los fríos y hambre que pasan, las penas que cargan, los sueños que les motivan. También visibilizar el sufrimiento del adulto mayor para acceder a sus medicinas, una alimentación digna, luz, agua, vivienda… algo que debería ser de cajón, pero que al no tener una pensión nadie le cubre. Otro de los rostros de la pobreza en nuestra cuidad tiene discapacidad, física, psíquica o sensorial, no es incluido, tiene dificultad para acceder a los estudios, a un trabajo digno o a simplemente pasear por las calles, necesita terapias, física, de lenguaje, ocupacional, maestros de apoyo.. 20915404_1519330881465817_2744320818804243107_nComo en muchos países del mundo acá también la pobreza tiene rostro de mujer, mujer con hijos a cargo, sin marido que le apoye, teniendo que ser explotada en una fábrica por más de diez horas para poder mal cubrir las necesidades de sus hijos, pero a qué precio; niños que pasan el tiempo solos, que comen caliente en la mañanita, a las seis y ya hasta las seis de la tarde no vuelven a tener una comida decente, que no tienen orientación para sus deberes escolares, para sus tareas o sus dudas y tentaciones diarias. No podemos dejarnos atrás a los hermanos y hermanas que padecen alguna enfermedad catastrófica como pueden ser el cáncer, el VIH, las drogodependencias, alcoholismo… por desgracia son muchas las ocasiones donde la familia se agota y no tiene de dónde para seguir atendiendo a su familiar ya sea hijo, padre, hermano,… es horrible ver los rostros de impotencia y desesperación de quien ama y no puede evitar ni paliar el sufrimiento de su ser amado. Queremos que estos rostros sean escuchados por la ciudadanía.

El segundo momento será explicar qué hacemos cada institución en ese empeño de intentar atender a nuestros pobres, que nace de la escucha de su grito, de su clamor.Josep

Un tercer momento pretende crear, como nos pide el Papa y la lógica, una red donde nos coordinemos y apoyemos todos los que nos sentimos llamados a este servicio, de forma que seamos más eficaces. Y como colofón el día 18 de noviembre abramos nuestras casa, iglesias, sedes, oficinas… a los pobres, que ese día nadie se quede sin un plato de comida.

¿Un sueño? ¿Una locura? Lo estamos logrando, cada vez somos más los que nos coordinamos y nos añadimos a este camino. La iglesia sola no puede acabar con el hambre y la pobreza del mundo, pero la humanidad unida sí. Tomemos las manos del que quiere cambiar el mundo, da igual su fe, lo importante es su afán de servir.

Necesitamos manos, necesitamos de vuestras manos; necesitamos misioneros y misioneras, personas que compartan su vida, su ser y sus sueños sin miedo y convencidos de que juntos podemos cambiar el mundo. MANTA

REPORTÁNDONOS

Encuentro con venezolanos

Hace tiempo que no escribimos y no es por falta de ganas, no hay excusas, los ritmos si bien son fuertes, debemos aprender a acompasarlos con los ratos de reflexión y expresión para compartir lo que vivimos día a día, con nuestra gran familia, que sois vosotros.

Los sentimientos ante nuestro nuevo caminar, siguen siendo encontrados, pues somos conscientes de nuestras limitaciones y debilidades, de nuestros ritmos, de nuestros frentes (ser familia, la atención pastoral y acompañamiento a las comunidades donde vivimos, equipos de Cáritas y su promoción en las parroquias, el banco de alimentos diocesano, el comedor para personas indigentes, sin techo y migrantes; la pastoral de la salud, el convenio con la universidad, las clases del seminario, el acompañamiento personalizado en el centro de rehabilitación social de El Rodeo,…) y un sin fin de cosas que surgen semana a semana y que hacen que los días vengan escasos de minutos. No obstante nuestro buen Padre nos regala una y otra vez pequeños frutos, que nos sirven de motivación y fortaleza, para reafirmar nuestro compromiso de darnos con el corazón y las manos abiertas a lo que va llegando.

Estos meses de verano la casa tiene un gran trasiego, la llegada de tres voluntarias españolas y sus prácticas, la venida de matrimonios amigos desde nuestro Azuay, la visita de Carmen y su discernimiento de cara a la misión, los encuentros con nuestra hermana Karina,… hubo días que la familia se triplicó. La acogida es un sacramento de vida que aprendimos en esta tierra, tener la casa abierta a quien llega; un regalo que siempre aporta, a pesar de las pequeñas molestias que a ratos supone el cambio de cuartos y el improvisar comida para tantas bocas.

Taller de San Patricio

Con las comunidades que forman San Juan de Manta, el pueblo donde ahora vivimos, aún estamos conociéndonos: sus tradiciones, sus formas, su vivir como iglesia, como familias. Nos sentimos acogidos, sin dejar de tener presente el proceso misionero que tenemos que realizar, “hacer presente el amor de Dios”, pues en nombre del evangelio no siempre sabemos dar ese testimonio de amor. Son personas sencillas, buenas, que necesitan presencia y constancia, soñamos con contar con un apoyo en el equipo que fortalezca este espacio, pues este ratito los frentes nos superan.

La cárcel sigue siendo nuestro espacio de tomar de la mano al más débil, al más olvidado y caído. Este proceso de revisión de vida y construcción de un nuevo proyecto personal sigue creciendo con mucha fuerza. Comenzamos con siete chicos en la mañana y diez en la tarde; actualmente se han apuntado veintidós chicos en la mañana y cuarenta y dos en la tarde. Cada semana hay nuevos internos (ppl) que se acercan a pedir participar. Es un día a la semana, pero intenso, con mucho de Dios y mucho del mundo, una confrontación diaria a la que aportan casi sin darse cuenta, más ellos que nosotros. Es precioso el proceso y ver cómo buscan espacios de atención individual, renunciando al almuerzo si es necesario; o se corrigen entre ellos dando testimonio de sus errores, para que otros no los repitan, un regalo escuchar sus proyectos de vida, sus fracasos como pareja, padres o hijos, sus ganas de restaurar lo dañado, ver brotar lágrimas desde sus almas y querer confiar en un Dios que quieren conocer…Cáritas Jipijapa

Un espacio no previsto inicialmente en nuestro compromiso es el de la movilidad humana. Manta es la tercera cuidad del país en número de venezolanos que llegan huyendo del infierno de su país. Un infierno al que cuesta trabajo desde el gobierno ponerle adjetivos acertados pues se quiere nadar y guardar la ropa; y eso no es posible. Desde la red Clamor, creada dentro de la Iglesia, se están dando y proponiendo reflexiones y soluciones provisionales a esta gran abanico de situaciones de indefensión y sufrimiento que viven miles de familias. En esa lucha poco a poco vamos encontrando aliados en la Defensoría Pública, el defensor del pueblo y algunos espacios concretos de educación y salud. Es un camino difícil, pero no imposible y como iglesia tenemos que dar de comer al hambriento, beber al sediento, posada el peregrino,… más allá de lo que permitan las leyes locales. En nuestra arquidiócesis Diosito ha querido que seamos la cabeza que acompaña este proceso. Este mes se constituyó la mesa de movilidad humana de Manabí, un espacio interesante para nosotros como Red Clamor, para compartir nuestras actuaciones directas y explicar a las diferentes autoridades la imposibilidad de los hermanos venezolanos con las exigencias de nuestras leyes nacionales, no por falta de voluntad suya, sino por los ritmos de las instituciones venezolanas en atender sus pedidos de documentación; y de proponer alternativas donde el centro sean las personas y no la ley.
En el cara a cara con ellos experimentamos la necesidad de acogida y escucha, nos dicen:“no saben lo bien que me siento después de hablar con ustedes” y nos miramos pensando que aún no hemos hecho aún nada por ellos. Sus ojos se rompen en lágrimas al hablar de los que dejaron atrás, de su éxodo y viacrucis, de la indefensión de sus hijos, la falta de empleo, la impotencia de tener que empezar de cero, indocumentados, enfermos, solos, en una realidad desconocida, … son valientes, muy valientes, a ratos lloramos con ellos, apretando sus manos, mirando en sus ojos los ojos de Cristo maltratado camino de la cruz, nos toca ser cireneos que comparten su carga, sin tener a veces más solución que el escuchar, abrazar, acoger y amar.

Comisión diocesana de CáritasBueno pues hasta aquí hoy, en la próxima entrega os seguimos compartiendo más sobre nuestra misión, que también es la vuestra. Os queremos. Un fuerte abrazo a todos.

Aceptar lo inesperado