CAMBIA EL MUNDO

 

TOMBOLAQueremos cambiarlo, podemos cambiarlo y por ello desde nuestra oración nos desvivimos. En nuestro caminar diario, con las familias, los equipos de Cáritas, los hermanos sacerdotes, los privados de libertad, los seminaristas, los enfermos, en la universidad,… es una constante. Creemos en otro mundo sin violencia, sin desigualdades, sin pobreza, sin marginación, sin maltrato ni abusos, en un mundo en clave de Amor y no cualquier amor. Un Amor que transforme, dignifique, promueva, sane, acompañe, comparta, incluya, acoja,…

Este año miramos al domingo mundial de las misiones mirando de reojo la segunda jornada mundial de los pobres que el Papa plantea para noviembre. Para ello hemos propuesto una mesa de trabajo entre las diferentes instituciones que trabajamos por la promoción y atención a los más débiles y empobrecidos de nuestra ciudad en Manta.

Moi y Juanito con la mantitaSiguiendo las indicaciones del Papa Francisco hemos propuesto cuatro momentos. Un primero donde hacer presente el grito de los pobres; con sus rostros, sus vidas, su lucha diaria por sobrevivir, sus ilusiones y esperanzas. En esa mesa queremos presentar el rostro del migrante venezolano que viene huyendo de su país, narrar su éxodo, los mil cuatrocientos kilómetros que caminan, los fríos y hambre que pasan, las penas que cargan, los sueños que les motivan. También visibilizar el sufrimiento del adulto mayor para acceder a sus medicinas, una alimentación digna, luz, agua, vivienda… algo que debería ser de cajón, pero que al no tener una pensión nadie le cubre. Otro de los rostros de la pobreza en nuestra cuidad tiene discapacidad, física, psíquica o sensorial, no es incluido, tiene dificultad para acceder a los estudios, a un trabajo digno o a simplemente pasear por las calles, necesita terapias, física, de lenguaje, ocupacional, maestros de apoyo.. 20915404_1519330881465817_2744320818804243107_nComo en muchos países del mundo acá también la pobreza tiene rostro de mujer, mujer con hijos a cargo, sin marido que le apoye, teniendo que ser explotada en una fábrica por más de diez horas para poder mal cubrir las necesidades de sus hijos, pero a qué precio; niños que pasan el tiempo solos, que comen caliente en la mañanita, a las seis y ya hasta las seis de la tarde no vuelven a tener una comida decente, que no tienen orientación para sus deberes escolares, para sus tareas o sus dudas y tentaciones diarias. No podemos dejarnos atrás a los hermanos y hermanas que padecen alguna enfermedad catastrófica como pueden ser el cáncer, el VIH, las drogodependencias, alcoholismo… por desgracia son muchas las ocasiones donde la familia se agota y no tiene de dónde para seguir atendiendo a su familiar ya sea hijo, padre, hermano,… es horrible ver los rostros de impotencia y desesperación de quien ama y no puede evitar ni paliar el sufrimiento de su ser amado. Queremos que estos rostros sean escuchados por la ciudadanía.

El segundo momento será explicar qué hacemos cada institución en ese empeño de intentar atender a nuestros pobres, que nace de la escucha de su grito, de su clamor.Josep

Un tercer momento pretende crear, como nos pide el Papa y la lógica, una red donde nos coordinemos y apoyemos todos los que nos sentimos llamados a este servicio, de forma que seamos más eficaces. Y como colofón el día 18 de noviembre abramos nuestras casa, iglesias, sedes, oficinas… a los pobres, que ese día nadie se quede sin un plato de comida.

¿Un sueño? ¿Una locura? Lo estamos logrando, cada vez somos más los que nos coordinamos y nos añadimos a este camino. La iglesia sola no puede acabar con el hambre y la pobreza del mundo, pero la humanidad unida sí. Tomemos las manos del que quiere cambiar el mundo, da igual su fe, lo importante es su afán de servir.

Necesitamos manos, necesitamos de vuestras manos; necesitamos misioneros y misioneras, personas que compartan su vida, su ser y sus sueños sin miedo y convencidos de que juntos podemos cambiar el mundo. MANTA

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REPORTÁNDONOS

Encuentro con venezolanos

Hace tiempo que no escribimos y no es por falta de ganas, no hay excusas, los ritmos si bien son fuertes, debemos aprender a acompasarlos con los ratos de reflexión y expresión para compartir lo que vivimos día a día, con nuestra gran familia, que sois vosotros.

Los sentimientos ante nuestro nuevo caminar, siguen siendo encontrados, pues somos conscientes de nuestras limitaciones y debilidades, de nuestros ritmos, de nuestros frentes (ser familia, la atención pastoral y acompañamiento a las comunidades donde vivimos, equipos de Cáritas y su promoción en las parroquias, el banco de alimentos diocesano, el comedor para personas indigentes, sin techo y migrantes; la pastoral de la salud, el convenio con la universidad, las clases del seminario, el acompañamiento personalizado en el centro de rehabilitación social de El Rodeo,…) y un sin fin de cosas que surgen semana a semana y que hacen que los días vengan escasos de minutos. No obstante nuestro buen Padre nos regala una y otra vez pequeños frutos, que nos sirven de motivación y fortaleza, para reafirmar nuestro compromiso de darnos con el corazón y las manos abiertas a lo que va llegando.

Estos meses de verano la casa tiene un gran trasiego, la llegada de tres voluntarias españolas y sus prácticas, la venida de matrimonios amigos desde nuestro Azuay, la visita de Carmen y su discernimiento de cara a la misión, los encuentros con nuestra hermana Karina,… hubo días que la familia se triplicó. La acogida es un sacramento de vida que aprendimos en esta tierra, tener la casa abierta a quien llega; un regalo que siempre aporta, a pesar de las pequeñas molestias que a ratos supone el cambio de cuartos y el improvisar comida para tantas bocas.

Taller de San Patricio

Con las comunidades que forman San Juan de Manta, el pueblo donde ahora vivimos, aún estamos conociéndonos: sus tradiciones, sus formas, su vivir como iglesia, como familias. Nos sentimos acogidos, sin dejar de tener presente el proceso misionero que tenemos que realizar, “hacer presente el amor de Dios”, pues en nombre del evangelio no siempre sabemos dar ese testimonio de amor. Son personas sencillas, buenas, que necesitan presencia y constancia, soñamos con contar con un apoyo en el equipo que fortalezca este espacio, pues este ratito los frentes nos superan.

La cárcel sigue siendo nuestro espacio de tomar de la mano al más débil, al más olvidado y caído. Este proceso de revisión de vida y construcción de un nuevo proyecto personal sigue creciendo con mucha fuerza. Comenzamos con siete chicos en la mañana y diez en la tarde; actualmente se han apuntado veintidós chicos en la mañana y cuarenta y dos en la tarde. Cada semana hay nuevos internos (ppl) que se acercan a pedir participar. Es un día a la semana, pero intenso, con mucho de Dios y mucho del mundo, una confrontación diaria a la que aportan casi sin darse cuenta, más ellos que nosotros. Es precioso el proceso y ver cómo buscan espacios de atención individual, renunciando al almuerzo si es necesario; o se corrigen entre ellos dando testimonio de sus errores, para que otros no los repitan, un regalo escuchar sus proyectos de vida, sus fracasos como pareja, padres o hijos, sus ganas de restaurar lo dañado, ver brotar lágrimas desde sus almas y querer confiar en un Dios que quieren conocer…Cáritas Jipijapa

Un espacio no previsto inicialmente en nuestro compromiso es el de la movilidad humana. Manta es la tercera cuidad del país en número de venezolanos que llegan huyendo del infierno de su país. Un infierno al que cuesta trabajo desde el gobierno ponerle adjetivos acertados pues se quiere nadar y guardar la ropa; y eso no es posible. Desde la red Clamor, creada dentro de la Iglesia, se están dando y proponiendo reflexiones y soluciones provisionales a esta gran abanico de situaciones de indefensión y sufrimiento que viven miles de familias. En esa lucha poco a poco vamos encontrando aliados en la Defensoría Pública, el defensor del pueblo y algunos espacios concretos de educación y salud. Es un camino difícil, pero no imposible y como iglesia tenemos que dar de comer al hambriento, beber al sediento, posada el peregrino,… más allá de lo que permitan las leyes locales. En nuestra arquidiócesis Diosito ha querido que seamos la cabeza que acompaña este proceso. Este mes se constituyó la mesa de movilidad humana de Manabí, un espacio interesante para nosotros como Red Clamor, para compartir nuestras actuaciones directas y explicar a las diferentes autoridades la imposibilidad de los hermanos venezolanos con las exigencias de nuestras leyes nacionales, no por falta de voluntad suya, sino por los ritmos de las instituciones venezolanas en atender sus pedidos de documentación; y de proponer alternativas donde el centro sean las personas y no la ley.
En el cara a cara con ellos experimentamos la necesidad de acogida y escucha, nos dicen:“no saben lo bien que me siento después de hablar con ustedes” y nos miramos pensando que aún no hemos hecho aún nada por ellos. Sus ojos se rompen en lágrimas al hablar de los que dejaron atrás, de su éxodo y viacrucis, de la indefensión de sus hijos, la falta de empleo, la impotencia de tener que empezar de cero, indocumentados, enfermos, solos, en una realidad desconocida, … son valientes, muy valientes, a ratos lloramos con ellos, apretando sus manos, mirando en sus ojos los ojos de Cristo maltratado camino de la cruz, nos toca ser cireneos que comparten su carga, sin tener a veces más solución que el escuchar, abrazar, acoger y amar.

Comisión diocesana de CáritasBueno pues hasta aquí hoy, en la próxima entrega os seguimos compartiendo más sobre nuestra misión, que también es la vuestra. Os queremos. Un fuerte abrazo a todos.

Aceptar lo inesperado

Aquí cabemos todos

LA REVANCHAYa cuatro meses en esta tierra que es también la nuestra. Los días frescos del verano tropical nos acarician para que nos sintamos como en casa y no extrañemos demasiado el terruño. Los niños otra vez añaden a su voz el acento latino, tan dulce y musical. Nuevos rostros se asoman a la casa, son amigos que vamos añadiendo a la mochila de la vida haciéndola más hermosa.

De nuevo acostumbrándonos a los sabores de esta rica cocina llena de matices marinos y fruta exótica.

Este último mes en la casa prestada hemos acogido a queridos amigos que hacía tiempo no veíamos. En la zona andina del Ecuador donde viven muchos de ellos, han sido las vacaciones y llegaron a compartir unos días con nuestra familia. En estas jornadas todos nos hemos apretado un poquito para hacer sitio al que ha ido llegando. Eso lo aprendimos aquí; es el valor de la acogida, de la hospitalidad; que este año además es el lema de la Arquidiócesis de Manabí.

20915404_1519330881465817_2744320818804243107_nMoisés se alegra cada vez que alguien nos visita, o cuando estamos invitados. Lleva la alegría de la casa abierta en su ADN, le encanta estar rodeado y es el que mejor acoge. Disfruta de las visitas y siente mucho la marcha de los amigos cuando tienen que retornar. A su vida también han llegado dos estupendas personas que le apoyan con la terapia de Lenguaje y la rehabilitación para que siga avanzando.

El sentimiento de familia grande se fortalece cuando hay lugar para el otro y se hace el esfuerzo de que se sienta como en su casa. No sólo del conocido, sino también del que se presenta por primera vez en nuestras vidas.

Hace unas semanas tuvimos la suerte de conocer a algunos amigos venezolanos que llegaron a Manta hace poco tiempo, huyendo de la situación desesperada de su país. Un grupo de misioneros de Manta (MIES) con sus jóvenes, nos invitaron a este sencillo encuentro con familias de Venezuela. Personas que emigran como todo el que deja lo amado detrás de sí, con el pensamiento puesto en los que se quedan y en la tierra bendita que los vio nacer; con el corazón mal herido, sino roto, por haberlo dejado todo menos la esperanza de poder volver algún día. 20953063_1519331094799129_7519768135147523096_nMuchos de ellos compartiendo el pesar de haber perdido familiares en estos últimos meses por falta de medicinas o como consecuencia de la escasez e inseguridad que afecta al país. Sin conocernos nos abrieron sus vidas y sus almas a los que esa tarde estábamos allí. ¡Cuánta acogida entre ellos, cuánta solidaridad, cuánto amor! ¡Cuántas lecciones de vida recibimos! A veces uno ve los milagros más grandes en las situaciones más sencillas y para muchos insignificantes… En esos momentos uno puede reconocer a gigantes del amor en personas humildes que ponen todo en juego por los demás. Vemos en ellos reflejados a la pobre viuda que da todo lo que necesita para que otros tengan algo. ¡Cuánto nos queda que aprender a los que vamos de cristianos! Qué lejos estamos tantas veces del corazón entregado sin condiciones de nuestro Señor, de su estilo de vida….

EQUIPO ZONALEn estos días sólo “gracias” nos salen del corazón por poder ser testigos de tanto amor. Nuestros hijos a pesar de estar metidos de cabeza en plena adolescencia, no dejan de sorprendernos con su sensibilidad ante lo que comparten con nosotros y Dios va esculpiendo en sus almas una obra nueva que quizás algún día pueda ser oasis para otros.

Agradecidos nos sentimos también con nuestra diócesis de origen, Jaén, que a través de su delegado de misiones nos ha facilitado en una buena parte la adquisición de un vehículo que nos ayuda en el trabajo diario; con nuestra asociación misionera OCASHA que no deja de apoyarnos, con nuestras familias que prescinden de nosotros y nos suplen en tantos momentos difíciles…

FURGONETALa tarea de cada día va creciendo: las clases en el Seminario diocesano, en el Instituto de estudios pastorales, las reuniones con los equipos de Cáritas, con los grupos de mujeres, con diferentes agentes de pastoral o con las autoridades, son ocasiones de poner lo que somos y tenemos al servicio de este pueblo que ahora nos acoge y nos dice continuamente: “pasen y siéntanse como en su casa, la mesa está servida”.

LA ACOGIDA DE LOS SENCILLOS

MANTALa brisa del océano nos envuelve, abraza, acaricia nuestras vidas y nos acoge al son que marcan las olas al romper en el malecón. Como todo comienzo el de esta nueva misión no está siendo sencillo. Ser una familia numerosa, las peculiaridades de cada uno, las necesidades especiales de algunos, contratiempos inesperados de salud, problemas de movilidad, los diferentes ritmos familiares y laborales,…
Sin embargo, cada día tenemos que releer lo vivido y dar gracias, mientras el atardecer vuelve a ser un regalo de tonos rojizos, anaranjados, ese remanso de paz que alivia nuestra carga, sosiega nuestras almas y renueva nuestra ilusión.
¡Cómo quejarnos ante tantos detalles signos de tu amor!
Entre ola y ola, casi sin hacer ruido, toca nuestras vidas la presencia de Yita, una enfermera jubilada que se entrega con todas sus ganas a atender a cinco ancianos que no tienen quien los mire. Cada semana los visita, los baña, limpia y asea sus ranchitos, cura sus heridas y de paso les deja cocinando alguna pequeñez para que coman. IMG-20170717-WA0006Sonriente, nos recibe con un abrazo de esos que conmueven el corazón, nos siente compañeros en su misión y en un momento de fragilidad narra como, sin que nadie lo sepa, lucha día a día para vencer un cáncer de piel. Busca nuestro consuelo, una palabra de aliento y sin saberlo, ni pretenderlo nos da con su testimonio lecciones de vida y entrega.
La salud en nuestro querido Ecuador poco a poco ha vuelto a ser artículo de lujo. La diócesis a pesar de su interés, no puede ofrecernos un apoyo económico. El terremoto quebró todas las posibles previsiones y la situación es compleja. Es de la mano de los sencillos, de los pequeños que la “Providencia” se hace presente.
Hace unos días, tras la caída de Ana, una señora se acercó y después de preguntarme por su salud, me introdujo en el bolsillo un sobre: “Entréguele a Anita”, me pidió. Al llegar a casa y abrirlo descubrimos un “billetito” para apoyarnos con los gastos de medicinas. Entre vergüenza y sorpresa ese pequeño gesto fue luz y aliento en nuestra debilidad.
Algo parecido vivimos un miércoles al terminar de dar las clases en el seminario. Un seminarista, de los que más dificultades económicas tiene, se nos acercó con una bolsita en la mano y nos dice:”le ruego que me lo acepten”, al abrir la bolsa descubrimos diez dólares y él insiste: “es para que se puedan transportar y puedan seguir viniendo a darnos clases”.
Una vez más son los que menos pueden, los que más necesitan, quienes escriben lecciones de como compartir, ser solidarios, renunciando a lo preciso con sacrificio para que todos tengan, en vez de dar las sobras.IMG_20170708_171536
Cuando evaluamos la tarea semanal y vemos los problemas, las dificultades, la impotencia ante tanta necesidad,… tenemos el riesgo de darle la relevancia que no merecen. En nuestra oración diaria debemos recordar que eso es la misión, sembrar amor aunque no tengamos nada ni podamos nada, luchar con alegría renovada ante la adversidad, seguros de que el amor siempre, siempre da frutos. Levantarnos una y otra vez y reírnos juntos de los contratiempos.
Este sábado día quince teníamos un día denso con un taller para los miembros de los equipos de Cáritas desde las ocho hasta casi las dos; de tarde el lavado semanal de ropa y la limpieza de casa esperaban nuestra llegada. Sin embargo el día se tornó en celebración y al llegar a casa todo estaba en silencio, limpio y la ropa lavada. De su escondite salieron uno tras otro amigos, familia que habían viajado desde diferentes lugares de Riochico a festejar al cumpleañero.
Cada vivencia es un abrazo, que nos susurra al oído: “gracias por venir, ya están en casa”.
Felices, los ojos de ustedes, porque ven; felices sus oídos, porque oyen.IMG_20170715_145639(1)

Noticias desde la R.D. del Congo

Andrés García, misionero de la Consolata al que Latiendo con el Sur apoya, nos envía esto desde la selva de la R.D. del Congo:

Queridos amigos de Latiendo,
Hola a todos. Paz y bien.

Gracias a todos por vuestra generosidad y fidelidad a través de estos años.

Quizás la amistad y familiaridad con algunos de vosotros me ha hecho creer que a través de lo que escribo en el blog estabais bastante al corriente de nuestras andadas.

Aún así, os recuerdo realizaciones puntuales, gracias a vuestro apoyo, que han sido y siguen siendo importantes en el desarrollo de nuestra misión, que es la vuestra, de la Iglesia, de nuestro Señor:

Gracias a vosotros pudimos sostener durante dos años la escolarización de un grupo de niñas pigmeas. Por varias razones no siguió, pero hoy Msima, Bako e Idey, son líderes en sus respectivos campamentos. Su presencia es una semilla que va madurando al ritmo de su edad. Las tres son madres y las tres son escuchadas por los demás cuando hablan en sus campamentos. Confío en que poco a poco se vuelvan guías maduras capaces de iluminar a los demás.

Gracias a vosotros compramos una moto que aún hoy resiste nuestras carreteras imposibles, facilitándonos el acceso a cada campamento. También echamos mano de vuestra generosidad para la gasolina, que es uno de los gastos más grandes del día a día.

Vuestra ayuda material y la experiencia profesional de Alfredo nos han ayudado a levantar las instalaciones de acogida de nuestra parroquia. Ante la incredulidad de casi todos, hemos construido un buen pórtico, que nos sirve como sala de reuniones para todos los grupos y actividades de la parroquia, dos dormitorios para los grupos y huéspedes, la casa de la enfermera Bomao y la capilla de la comunidad. Todo con la técnica de tapial.

Actualmente, nos servimos de vuestro envío periódico también para el desarrollo de la escuela itinerante de alfabetización para los pigmeos que iniciamos gracias a la colaboración, la preparación profesional y el saber hacer y estar de Elisabeth en su paso por Bayenga.

En “sedientos de vida” encontraréis todas estas realizaciones y más que sin vuestra ayuda no habrían podido llevarse a cabo.

Considero también una preciosa aportación de Latiendo el envío de las medicinas que me han ayudado literalmente a respirar durante dos años y medio.

Más allá del apoyo económico, mucho más allá, está vuestra amistad. Quienes han estado por aquí saben que a menudo, entre la multitud de personas y de actividades, la soledad es nuestra compañera, por eso, vuestra oración, vuestra amistad y fidelidad son fuerza y reorientan el silencio, dándole sentido, volviéndolo fecundo para muchas personas.

Gracias a todos, gracias por todo y gracias a nuestro Señor, al Señor de la Vida y del Amor por cada uno de vosotros.

Un saludo y una oración.

Andrés

20 de Mayo